Efecto Nueva Monroe y la Doctrina Donroe: Venezuela en la reconfiguración geopolítica hemisférica
- laboratoriio360
- 20 ene
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Venezuela atraviesa desde hace más de una década una de las crisis más complejas de su historia contemporánea, caracterizada por un profundo deterioro institucional, una prolongada recesión económica y una fractura social de gran magnitud. En este contexto, el país se ha convertido también en un eje central del debate geopolítico regional e internacional, especialmente a raíz del renovado interés de Estados Unidos en América Latina y la reaparición de enfoques estratégicos que algunos analistas han denominado el Efecto Nueva Monroe, estrechamente vinculado a la reinterpretación impulsada por Donald Trump conocida como la Doctrina Donroe.
El llamado Efecto Nueva Monroe hace referencia a una actualización de la histórica Doctrina Monroe de 1823, bajo la cual Estados Unidos proclamó su oposición a la intervención de potencias extranjeras en el continente americano. Sin embargo, en su versión contemporánea particularmente durante la administración de Donald Trump esta doctrina adquirió un carácter más explícito, unilateral y confrontativo.
La denominada Doctrina Donroe, término que fusiona el apellido de Trump con la doctrina original, se inscribe dentro del enfoque de “America First” y plantea que América Latina debe permanecer firmemente dentro del área de influencia estratégica de Washington, sin ambigüedades frente a la presencia de actores extrahemisféricos.
A diferencia de formulaciones anteriores más diplomáticas o multilaterales, la Doctrina Donroe se manifiesta a través de sanciones económicas, presión política directa, discursos de seguridad nacional y advertencias explícitas contra la influencia de potencias como China, Rusia e Irán en la región. Venezuela ocupa un lugar central dentro de esta lógica debido a sus vastas reservas energéticas, su posición geográfica estratégica y sus sólidas alianzas con estos actores, lo que la convierte en un caso emblemático del nuevo enfoque estadounidense.
Desde el punto de vista interno, Venezuela continúa enfrentando graves desafíos estructurales. La economía ha sufrido una contracción prolongada, marcada por hiperinflación en años recientes, pérdida del poder adquisitivo, caída de la producción petrolera y severas limitaciones del sistema financiero. A ello se suman problemáticas sociales como la migración masiva de millones de ciudadanos, la precarización de los servicios públicos y un persistente clima de desconfianza institucional. Aunque se han intentado reformas y procesos de diálogo político, la posibilidad de una recuperación sostenida sigue siendo incierta y condicionada tanto por factores internos como externos.
En el plano internacional, la situación venezolana ha sido interpretada por sectores del liderazgo estadounidense especialmente durante la era Trump como un ejemplo de inestabilidad regional que justifica una respuesta estratégica más dura. Bajo la lógica de la Doctrina Donroe, Washington reforzó la idea de que América Latina no debe convertirse en un espacio de competencia geopolítica para rivales globales de Estados Unidos. Este planteamiento revitaliza una visión del hemisferio como zona de influencia exclusiva, redefiniendo la Doctrina Monroe en términos de poder, disuasión y rivalidad global.
Este enfoque ha generado un intenso debate. Sus defensores argumentan que una política estadounidense más firme puede contribuir a la estabilidad regional, al fortalecimiento de la democracia y a la protección de intereses estratégicos compartidos. Sus críticos, en cambio, alertan sobre el riesgo de un nuevo intervencionismo, el debilitamiento del principio de soberanía nacional y la consolidación de una lógica de bloques que limita la autonomía de los países latinoamericanos. La Doctrina Donroe, en este sentido, reactualiza tensiones históricas entre autodeterminación, hegemonía y seguridad hemisférica.
El Efecto Nueva Monroe no se limita a Venezuela, pero el país funciona como un caso paradigmático de sus posibles consecuencias. A nivel regional, esta visión puede derivar en una reconfiguración de alianzas, mayor presión diplomática y económica, y un aumento de la centralidad de América Latina dentro de la competencia estratégica global. Para Venezuela, el desafío radica en navegar este entorno complejo mientras busca soluciones internas que permitan la reconstrucción institucional, económica y social, sin quedar atrapada exclusivamente como objeto de disputa entre potencias.
En conclusión, Venezuela se encuentra en la intersección de una profunda crisis interna y una transformación del escenario geopolítico hemisférico. El denominado Efecto Nueva Monroe, reforzado por la Doctrina Donroe impulsada por Donald Trump, simboliza un cambio en la manera en que Estados Unidos concibe su relación con América Latina. Este giro plantea interrogantes fundamentales sobre el futuro de la soberanía, la estabilidad y el desarrollo regional. Comprender este fenómeno resulta clave para interpretar no solo el presente venezolano, sino también las dinámicas que definirán el equilibrio de poder en el continente en los próximos años.












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