¿Puede Lloret de Mar reinventarse como destino para el talento digital?
- laboratoriio360
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Durante décadas, Lloret de Mar ha construido una marca internacional alrededor del turismo. Sin renunciar a esta identidad, el crecimiento del trabajo en remoto plantea una nueva pregunta: ¿puede una ciudad preparada para recibir visitantes convertirse también en un lugar elegido para vivir y trabajar?
Una nueva imagen de Lloret fuera de temporada
Hay una escena que se repite cada vez con mayor frecuencia, aunque todavía ocupa poco espacio en el debate público. Sucede fuera de la temporada alta, cuando Lloret recupera un ritmo más pausado.
Las terrazas permanecen abiertas y los comercios funcionan con normalidad, pero en algunas cafeterías las mesas ya no están ocupadas únicamente por familias consultando un mapa o por parejas organizando la excursión del día siguiente. Ahora también hay ordenadores portátiles, auriculares, videollamadas y cafés que se enfrían mientras alguien termina una reunión con un cliente situado a miles de kilómetros.
La primera vez que observé esta escena pensé que sería algo anecdótico. Cuando volvió a repetirse, entendí que quizá estaba mirando el municipio desde una perspectiva demasiado limitada.
Durante mucho tiempo hemos observado ciudades como Lloret de Mar únicamente desde el prisma del turismo. Es comprensible: su economía, su imagen y buena parte de su desarrollo urbano han estado ligados a la capacidad de atraer visitantes. Este modelo ha generado prosperidad, empleo y una proyección internacional que pocos municipios de su tamaño pueden exhibir.
Sin embargo, las ciudades, igual que las empresas, evolucionan. Cuando cambia nuestra forma de trabajar, también cambian las oportunidades de los territorios.
Trabajar desde cualquier lugar cambia la elección de residencia
Hace apenas quince años, desarrollar una carrera internacional desde una localidad costera alejada de una gran capital parecía una posibilidad reservada a muy pocas personas. Quien quería progresar profesionalmente asumía que debía instalarse cerca de las empresas y de sus oficinas.
Hoy esta relación ya no es tan rígida. Miles de profesionales trabajan para compañías situadas en otros países sin compartir oficina con sus compañeros ni vivir cerca de la sede de la empresa.
Este cambio está transformando la manera en que muchas personas deciden dónde quieren vivir. Ya no buscan solamente un buen empleo. También buscan un lugar en el que les apetezca empezar el día.
Esta diferencia obliga a contemplar ciudades como Lloret con otros ojos.
La pregunta ya no es únicamente cuántos turistas puede recibir el municipio durante el verano, sino cuántas personas estarían dispuestas a quedarse varios meses si encontraran las condiciones adecuadas para desarrollar allí su actividad profesional.
Del visitante al residente temporal
Un turista llega con una maleta y una fecha de regreso. Una persona que trabaja en remoto llega con un proyecto de vida, aunque sea temporal.
Necesita una vivienda cómoda, una conexión digital estable, servicios públicos de calidad, una buena movilidad y espacios en los que trabajar y relacionarse. También necesita una ciudad que funcione durante todo el año y no solamente en temporada alta.
Su impacto económico es diferente al del visitante tradicional. Compra en el comercio local, utiliza el transporte, consume cultura, practica deporte y participa progresivamente en la vida cotidiana del municipio.
El talento digital no tiene por qué sustituir al turismo. Puede complementarlo.
Y quizá ahí se encuentre una de las mayores oportunidades para Lloret de Mar.
Una oportunidad para reducir la estacionalidad
Durante años, muchas localidades costeras han vivido condicionadas por el calendario turístico. Existen meses en los que la actividad económica se dispara y otros en los que desciende de manera notable.
La llegada de residentes temporales que permanecen en el municipio durante varios meses puede ayudar a reducir este desequilibrio. Restaurantes, comercios, gimnasios, centros culturales y otros servicios locales tendrían la posibilidad de mantener una actividad más estable fuera de la temporada alta.
Sin embargo, esta transformación no se producirá por sí sola.
Atraer talento digital no consiste únicamente en instalar más fibra óptica o abrir un espacio de coworking. Estos elementos son importantes, pero resultan insuficientes.
Quien puede elegir entre vivir en Lloret, Split, Cagliari o Faro no toma su decisión basándose solamente en la velocidad de internet. También observa cómo funciona la ciudad en invierno, qué servicios ofrece, cómo es el acceso a la vivienda, si resulta sencillo desplazarse e integrarse y, especialmente, si puede imaginar allí una vida cotidiana agradable.
En definitiva, busca prácticamente lo mismo que cualquier vecino.
Las ciudades también compiten por atraer personas
Durante mucho tiempo, la competitividad territorial se midió por la capacidad de atraer empresas, inversiones y grandes proyectos. Actualmente, las ciudades también compiten por atraer personas.
Esta evolución no significa que las empresas hayan dejado de ser importantes. Al contrario: cuando una ciudad resulta atractiva para el talento, también puede terminar siendo atractiva para nuevas actividades empresariales.
El conocimiento genera proyectos, conexiones e iniciativas económicas allí donde las personas deciden establecerse. Por eso, atraer profesionales no debe entenderse únicamente como una estrategia residencial o turística, sino como una oportunidad de desarrollo económico.
El futuro de municipios como Lloret podría depender no solo de atraer a más visitantes, sino también de convencer a determinados profesionales de que merece la pena quedarse cuando terminan las vacaciones.
Evolucionar sin renunciar a la identidad turística
Esta transformación no será inmediata. Tampoco debería plantearse como una alternativa al turismo, porque sería un error.
El turismo continuará siendo una de las principales fortalezas de Lloret de Mar durante muchos años. La oportunidad consiste en aprovechar una tendencia que ya está en marcha y que probablemente seguirá creciendo durante la próxima década.
Todas las ciudades deben encontrar su propia forma de adaptarse a los cambios económicos y sociales. Algunas lo hacen mediante la industria, otras a través de la universidad, la logística o la innovación.
Lloret de Mar tiene la oportunidad de responder de una manera diferente: convirtiéndose en un lugar donde el trabajo deje de ser un motivo para marcharse y pase a ser una razón más para quedarse.
Quizá esa sea la verdadera transformación que merece la pena observar. No la de una ciudad que renuncia a su identidad, sino la de una ciudad que descubre que aquello que durante años atrajo a millones de visitantes también puede convertirse en un argumento para atraer talento.











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